Siempre he sido un poco escéptico con los típicos eventos para emprendedores.

En mi humilde trayectoria tuve la oportunidad de ser seleccionado para un programa de emprendedores y a partir de entonces, conocer de cerca el ecosistema de las incubadoras, aceleradoras, jornadas y demás eventos orientados hacia este sector.

Posteriormente, se me ofreció la oportunidad de trabajar en este mundillo y comprendí cómo funciona todo desde dentro.

Muchos ponentes dando charlas como si fueran grandes triunfadores y que en realidad no tienen más que un par de miles de euros en la cuenta corriente, tratando de sobrevivir dando cursos o ponencias por un par de cientos de euros mientras les dure el cuento del gurú emprendedor.

Mucho vendehumo.

Muchas empresas a la pesca de jóvenes novatos para ofrecerles sus servicios: préstamos, coaching, diseño, webs, consultoría, marketing, seguros, formación, coworkings… Tratando de chuparles la sangre hasta que se les acaben los fondos o la ilusión a estos soñadores. Si les va bien, pues mejor, más sangre que chupar. Si no, pues al siguiente evento, a ver si se raspa algo nuevo.

Mucho emprendigente mendigando a las instituciones cuando interesa y criticándolas por detrás cuando interesa también.

Mucho trapicheo. Mucha foto y publicación en prensa para hacer el paripé.
Mucha conveniencia, mucho quedar bien, mucho favor que se debe o se devolverá en el futuro.
Mucho mirar por encima del hombro o peloteo dependiendo de lo que ponga en tu credencial.

En conclusión, mucho plástico, mucha pasta de por medio. Un negocio que llegó un día como agua de mayo a una España en crisis y que ha ido creciendo vertiginosamente en un sector emergente a nivel mundial.

Pero muchas cosas buenas también.

El South Summit trajo ponencias de empresas gigantes de la talla de Google, Microsoft, Amazon, Ford y Telefónica además de triunfadores del nivel de Linkedin, Blablacar, Amadeus, Zipcar, Atari o Lenovo, de los cuales también se incluyen referentes nacionales como Cabify, Uber, Room Mate Hotels, Fever, Wallapop, Minube o Hawkers. Todo un lujo. Todo un Summit.

Summit, para el que no lo sepa, significa cumbre, y eso fue: un evento donde se reunieron referentes del emprendimiento a dedicar unas palabras a una tribu, a un fenómeno social en expansión de la que me siento parte.

Un meeting donde fui testigo de discursos motivadores, consejos que valen oro, miradas y sonrisas limpias y sinceras donde se irradiaba mucha energía positiva, mucha ilusión.

Algo ideal para todos los soñadores presentes en La N@ve de Villaverde, un espacio impresionante e ideal para el evento, por cierto.

Me quedo con las ponencias de Robin Chase de Zipcar, y de Paris L’Etraz de Venture Lab. Elegancia, no puedo describirlo de otra manera. No me perdonaré nunca haberme perdido la de Nolan Bushnell, de Atari.

Por otro lado, Kike Sarasola fue una bestia, un comunicador nato que se ganó mi simpatía cuando dijo un par de verdades que todos sabemos pero que nadie admite.

Fue guay encontrarme a Eloy de Mr. Jeff, emprendedor en camino hacia el éxito que está a punto de lograr su sueño (si es que no lo ha hecho ya). Le conocí en el Bbooster que se celebró en Las Palmas el pasado mayo junto a otros cracks como Sunil de Beroomers y Vicente de A Boat Time.

Quedamos para ir más tarde de cañas y en el último momento me dijo de vernos en una fiesta de Google que se celebraba en la azotea del Casino de Madrid.

Él no sabía que yo no tenía invitación ni estaba en lista pero ya saben ustedes lo que me gustan los retos, así que hice uso de mis recursos de mi pasado como agente secreto. En esa fiesta todo el mundo era cool, todo gente VIP, todo el mundo tenía algo interesante que contar. Y yo no iba a ser menos.

Yo era el asiático misterioso de la sonrisa de par de par, con pinta de gran empresario, inversor o programador (estoy bonito yo) al que la gente se le acercaba intrigada preguntando «Hello, where are you from?» y a la que yo le respondía sonriente y con mi acento canario: «Que pasó mi niño, yo de Guanarteme, ¿Oye qué hay que hacer para que te pongan una copa?».

Me reí mucho y conocí gente muy interesante. Igualmente, me retiré temprano ya que trabajaba al día siguiente.

Volviendo al Summit, me llamó la atención el gran número de aceleradoras que quieren entrar en el juego. Desde un importante despacho abogados a una legendaria marca de whisky. Desde una poderosa constructora nacional a la mayor naviera multinacional. Ahora todos tienen aceleradoras, ahora todos apoyan a los emprendedores, pero… ¿De verdad quieren ayudar?

En realidad, creo que invierten en ellos para crecer juntos cuando la parte difícil ya ha pasado, cuando solo hace falta el último empujón. También se dan los casos en los que el pez grande se come el pez chico para no dejarlo crecer lo suficiente como para dar el coñazo, para evitar casos como el de Facebook con Whatsapp.

Sea lo que sea, ganar un concurso de emprendedores no garantiza el éxito de la idea de proyecto. Tan solo es un paso más en la carrera hacia el triunfo.

El camino del emprendedor es duro y solitario. Muchos sabrán de lo que hablo, porque nadie ve esa parte del juego. No todos los días es subirse a una tarima con fotos y aplausos junto a un político.

Muchas veces ni siquiera se llega a ese momento. Y si se llega, más que algo dulce se recordará como algo agridulce si nunca llegas a alcanzar el éxito de verdad o si dejas de intentarlo. Nadie te viene a dar palmaditas en la espalda si no hay foto o trofeo.

Al final del evento fui testigo de dos cosas que me llegaron al alma porque no pude evitar sentirme identificado.

La primera fue un chaval, uno de los ganadores de los varios concursos de emprendedores del Summit. Lo vi por casualidad, marchándose del evento. Solo. Con un trofeo en la mano (una planta en una maceta) pero en el mayor de los anonimatos. Sé lo que se siente al recibir la palmadita en el hombro del político para la foto con un montón de aplausos y, minutos más tarde, volver al anonimato. Espero que le vaya bien. Seguro que si se lo curra, llegará lejos. Ánimo crack.

La otra fue conocer a unos chavales que estuvieron todo el evento al lado de nuestro stand. Muy jóvenes pero también muy motivados. Hablándonos de su proyecto, una tienda de calcetines de diseño online, nos terminaron confesando que, viendo que el stand al lado nuestro estaba vacío, con toda la cara del mundo y sin preguntar, montaron su chiringuito y tuvieron stand gratis durante los tres días que duró el Summit. Vamos, que se ahorraron unos 15.000€. Como se dice en Canarias, «by the face«.

Y es que un beso no se pide, se roba.

Mi más sincero apoyo a estos valencianos que me recordaron que este es un mundo de valientes en el que si no arriesgas, no ganas, y al menos, por mi parte, se ganaron mi simpatía y mi apoyo.

Un mundo de valientes que se lanzan con una espada y un escudo en una era de drones y misiles. 300 griegos contra miles de otomanos. Sin ayuda, sin apoyo. Solo Summits.

Desde dentro de una institución he intentado ayudar a mejorar las cosas, de verdad, aunque sea a mínima escala y mientras pueda, seguiré siempre tratando de aportar algo, de aportar un granito de arena.

Mientras tanto, en mis ratos libres, seguiré dibujando sonidos.

«No lo intentes, hazlo»

(Bruce Lee)

Facebook
Instagram
LinkedIn
RSS