Siempre me gustó dibujar. Trazar y dar forma a mano algo que tienes en mente con tus propias manos. No sé en qué momento dejé de hacerlo. Supongo que algo se cruzó en mi camino antes de darme cuenta de lo mucho que me gusta. Tal vez los amigos, las chicas o cualquier otro tipo de distracción que en la adolescencia te aparta del camino que inconscientemente vas marcando en tu niñez.

Tuve algún que otro roce posteriormente pero cuando conecté de nuevo -aunque fuera solo por un tiempo- fue con mis amigos Tono y Felo frente a muros abandonados y con un spray en la mano. Benditos tiempos aquellos.

Y después, volví a desconectar. Ellos formaron CNFSN+ y actualmente son artistas de renombre tanto juntos como por separado. Olé por ellos, me alegro de que hoy en día vivan de aquello que les gusta. Esa es la clave de la felicidad. Siempre que me los cruzo de nuevo me reprochan haber dejado de pintar. Supongo que, de nuevo, fue cosa del destino, que tal vez no era mi momento.

La caligrafía siempre ha sido otra de mis aficiones. La belleza de la escritura a mano me ha llamado siempre la atención. Con esto de la era digital se ha perdido, en cierto modo, un legado que forma parte de la historia de la humanidad. Ya no escribimos cartas de amor a mano. Ahora tecleamos nuestros pensamientos e ideas.

La estricta rigurosidad que me fue inculcada en el colegio marcó mi gusto por la caligrafía y también por la buena ortografía en general.

Mi herencia asiática siempre me hizo visualizar y sentir debilidad por la caligrafía oriental. Esos pergaminos, ese misticismo del arte de la brocha en un solo trazo. Pero en realidad no era consciente de esta atracción. No lo tuve claro hasta hace poco. Lo tenía dentro, latente.

En mi último viaje a Busan entré en una tienda de arte coreano en el mercado de Kukje, llena de cuadros, pinturas y pinceles, y fue entonces cuando algo en mi interior despertó.

Cuando regresé a Canarias comencé a buscar información para aprender y a pintar a escondidas. Dibujo sonidos en coreano tratando de encontrar mi propio estilo, el cual va mutando y evolucionando poco a poco. Puedo escribir tu nombre o cualquier sonido en coreano, o mejor dicho, en mi propia interpretación escrita del coreano ya que parece ser que lo que he creado no lo terminan de entender ni los propios coreanos.

Es algo así como los graffitis. Intuyes algo, pero hasta que no te dicen lo que pone exactamente, no terminas de verlo.

Tanto en chino, como japonés, como en coreano, cada símbolo es un sonido, una sílaba. Las sílabas se pueden diferenciar fácilmente en cualquier texto. Lo que he hecho es unificar las sílabas y crear palabras en una única estructura como en la escritura romana, lo que me da mucho juego a la hora de sintetizarlas y darle rienda suelta a la creatividad.

El hecho de tener el poder de dibujar los sonidos en mi lengua natal me dio alas. Como me suele decir el amigo Ginory, “lo oriental está de moda”. A la gente le gusta la caligrafía oriental. Incluso se la tatúa en sus pieles. ¿Por qué no iba a gustar la coreana?. A mí por lo menos, me gusta.

Y desde entonces, creo que tengo un problema. Tengo la casa llena de papeles con garabatos.

Trato de encontrar mi propia identidad gráfica. Todavía me queda mucho por aprender, mucho por probar y practicar, pero lo que más me gusta de todo esto es lo mucho que me divierto. Puedo pasarme horas y horas ya que es mi refugio después de tanto trabajo.

Lo más curioso de todo esto es que Moon, mi apellido, en Hanja (coreano antiguo que deriva del chino) significa algo así como escritura. Me di cuenta de que por alguna razón, esta vez el destino me llamaba de verdad. Más aún. Cuando por casualidad, me fijé en que el logo de Google Translate, que nunca había observado antes con detalle, incluía el símbolo de mi apellido, me entraron escalofríos.

Descubrí que una tía mía es una artista de renombre y que tiene su propia escuela de caligrafía y dibujo en Corea. Espero poder ir una temporada a visitarla para poder aprender un poco de ella si me quiere enseñar. Dicen que para ser un experto calígrafo hacen falta mínimo unos 20 años de práctica, pero con aprender unas nociones básicas me sentiré afortunado porque no busco purismo ni perfección. No soy ni puro ni perfecto, estoy bonito yo a estas alturas. Solo trato de divertirme, y seguir reglas o pautas milenarias al pie de la letra no creo que ayude mucho a pasarlo bien y ser creativo.

Sigo a mucha gente de estilos y modalidades totalmente diferentes entre sí pero que tienen cosas que me gustan, Aoyagi BisenRetnaPokras Lampas, El SeedFabienne Verdier… Cada uno tiene algo que me llama la atención y que va en la línea que voy buscando.

Los artistas coreanos que sigo son pocos. Será que me queda mucho por descubrir todavía.

Henn Kim, que no tiene mucho que ver con mis tendencias pero su mensaje es brutal.

Royal Dog es uno de los pocos muralistas-graffiteros coreanos que conozco y lo cierto es que me gusta mucho también su fusión afro-americana-coreana.

He de admitir que por alguna razón me llama mucho la atención Byulsam, una joven que, teniendo muchísimo talento para la caligrafía clásica, se está creando un estilo propio moderno muy particular y diferente que rompe un poco con las reglas clásicas de la caligrafía. Tal vez es eso lo que me gusta y hace que me identifique un poco con ella.

Y mientras tanto, aprendo, aprendo, aprendo.

“Está el que camina. Por encima del que camina está el que corre. Por encima del que corre está el que vuela. Pero por encima de todos ellos, está el que se divierte”

(Proberbio coreano).

 

 

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