Durante mi viaje al otro lado del mundo en coche eléctrico, mientras conducía, fui diseñando en mi cabeza un nuevo proyecto.




Creo que iba conduciendo por Kazajistán, atravesando el Gran Cañón de Shamry cuando lo vi claro y empecé a darle forma con ideas.







Al igual que el anterior, se trata también de un proyecto de Sostenibilidad y de Responsabilidad Social Corporativa. Está vinculado esta vez a la montaña y, entre otros, al Objetivo de Desarrollo Sostenible 15: Preservación de los ecosistemas terrestres.







Una vez diseñado el proyecto, fue cuando llegó el momento de identificar a los posibles partners para hacerlo realidad.


Entre otras opciones, surgió la todopoderosa The North Face.




No sé por qué me dio por investigar un poco sobre esta famosa marca de deportes de montaña antes de contactarles. Fue entonces cuando di con un post de The New York Times, comunicando un escándalo que incolucraba a The North Face.




Imagen obtenida de internet




Por lo visto, la delegación brasileña de la marca americana había contratado a una empresa de marketing y el trabajo que hicieron fue de lo más… polémico.


Polémico. Creo que esa es la palabra. Porque es innegable que lleva a la controversia.




Lo que hicieron fue sacar fotos de localizaciones muy visitadas con personas luciendo productos The North Face y colgar esas fotos en Wikipedia. De esta forma, cuando los usuarios hicieran la búsqueda en Google, aparecieran estas imágenes.




Imagen obtenida de internet




Esto tuvo un doble efecto. Primero, una publicidad directa al salir imágenes con productos The North Face cuando se realiza la búsqueda. Por otra parte, el empujoncito que Wikipedia le da al posicionamiento de The North Face gracias a las búsquedas de los usuarios particulares.




Para rematar la jugada, subieron un vídeo en el que muestran, sin sonrojarse, todos los pasos que han realizado.




Está claro y es comprensible el enfado de Wikipedia y de la fundación Wikimedia. Se aprovecharon de la gratuidad y la libertad pública de los usuarios de internet para subir las fotos a Wikipedia en aras de un beneficio comercial.




También he visto muchos comentarios de gente que condenó la maniobra tachándola de inmoral, carente de ética y catalogable como juego sucio. Critacaban también que encima, se mofaran de ello publicando un video triunfal y echándose flores diciendo que la campaña no les había costado un duro.




Imagen obtenida de internet




Pero, por otra parte, he de admitir que conozco a más de un experto en marketing que opinaría lo contrario.


Posiblemente murmuraría algo así como «¿por qué no se me ocurrió a mí?», bautizando la maniobra de The North Face como genialidad o de obra maestra del marketing orgánico.




En mi opinión, creo que si lo hubiera hecho un pobre diablo o una pyme, habría sido incluso plausible, pero viniendo de un gigante como The North Face, es diferente. Pienso que no les hacía falta recurrir a este tipo de artimañas, porque no les hace falta. He de admitir que me robó una sonrisa, pero es mi humilde opinión y no condeno la marca en absoluto. Estoy bonito yo para juzgar a nadie.




Y es así, yendo al límite, al igual que la filosofía de la marca (y la mía, muchas veces), cómo The North Face se arriesgó con una polémica campaña. Una campaña que, sin llegar (que yo sepa) a tener que pagar ninguna multa millonaria ni hacerle daño a alguien, estuvo en boca de muchos.




En todo caso, por la «creatividad» demostrada, creo que esta campaña ha beneficiado más a la empresa de marketing subcontratada que a la marca en sí. Al fin y a cabo, fue The North Face quien tuvo que emitir un comunicado pidiendo disculpas.




Y este fue el único escándalo que encontré en la red sobre The North Face.


Y si lo solucionó todo pidiendo una simple disculpa, no sé si decir que al final ganaron más de lo que perdieron. Nada que ver con lo que lo que han tenido que afrontar otras grandes empresas como Samsung, de la cual ya hablé en su día. Eso sí que  afectó a la imagen de la marca.




Como he dicho en más de una ocasión, un beso no se pide, se roba. Y en este caso, The North Face se llevó un bofetón por dar un pícaro beso.




No sé si habrá valido la pena el bofetón. Se supone que para eso tienen un departamento de Responsabilidad Social, para valorar este tipo de cosas y evitar que les exploten en la cara. Está bien publicar las cosas guays que hacen. Me encantó lo de los bolsos hechos con casetas de campaña recicladas, pero habría que tener más cuidado con la gestión de riesgos.




Imagen obtenida de internet




Después de un escándalo como este, otro error podría deteriorar muchísimo la imagen de The North Face.




Es, tal vez, el momento de reforzar su reputación corporativa. Tal vez sea el momento de que les llegue un proyecto como el que tengo entre manos…




«Por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo, más de un beso me dieron, y más de un bofetón (Joaquín Sabina)».


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