Creo que era aún adolescente cuando vi por primera vez una demostración del Salto del Pastor en una romería de algún pueblo de Gran Canaria.

 Aluciné cuando vi cómo un hombre saltaba desde un muro de unos 5 metros de alto y, ya en el aire, apuntaba y clavaba una especie de lanza en el característico agujero de una moneda de 25 de las antiguas pesetas que había en el suelo.

Acto seguido, se deslizarba a lo largo de dicha lanza cual bombero, amortiguando la caída y tocando el suelo con la misma suavidad y elegancia que las aves al posarse en una rama.

 

 

Si hay algo que tienen las Islas Canarias de especial además de sus famosas playas y uno de los mejores climas del mundo, es su historia. La historia de los Guanches.

 

Provenientes de los bereberes del noroeste de África, los primeros Guanches que poblaron las islas tuvieron que adaptarse al medio en su llegada, hace ya varios milenios.

Una vez asentados, tuvieron que hacer frente a las invasiones de vikingos, romanos, españoles, ingleses, portugueses, holandeses y  los diferentes imperios que fueron pasando por las islas, sedientos de los tesoros de África.

 

  

 

Con el tiempo, la cultura aborigen guanche fue exterminada. Pero aún se conservan algunos resquicios de una población que puede presumir de historia y de detalles culturales únicos en el mundo, como el Salto del Pastor.

Y es que la relación entre el hombre y la montaña data desde los albores de la humanidad.

 

Por la abrupta orografía del archipiélago canario, mover el ganado a través de los grandes riscos y acantilados que caracterizan las islas, supuso un reto. Forzó a los pastores a ingeniarse esta depurada técnica de montaña para poder desplazarse con rapidez y facilidad.

Técnica ancestral que, varios milenios después, acabaría transformándose en una seña de identidad única en el mundo.

 


Algo tan singular que los historiadores de las diferentes coronas que pasaban por Canarias no pudieron evitar mencionar en las crónicas de la conquista y exterminio de los guanches. Se menciona que los soldados invasores se rendían frustrados por la velocidad con la que se movían los guanches por las montañas en las persecuciones. Si los españoles no se rendían exhaustos, acababan en el fondo de los barrancos, presas de las emboscadas que les tendían los aborígenes. Esto se debía a la ventaja de conocer cada piedra del terreno y por contar con esta técnica que les permitía más agilidad.

Pero esto solo aplazó la inevitable aniquilación que culminó la corona española en el siglo XV.

  

 

Afortunadamente, se ha logrado conservar este legado cultural transmitiéndose de generación en generación y perdurando a través de la historia gracias a los ganaderos. Ganaderos que fueron descendientes directos de los guanches que, al igual que el resto de los canarios, han perdido el habla y gran parte de la cultura aborigen por la erradicación que ejercieron los conquistadores. Pero, en este caso concreto, se ha heredado este conocimiento gracias a la necesidad que crea la verticalidad de la orografía de las islas al pastor canario.

Actualmente, gran parte, por no decir la mayoría de los componentes de la última generación de practicantes del salto del pastor, ya no utiliza esta fantástica técnica de montaña para el pastoreo de su ganado. Técnica que data de la noche de los tiempos y que ahora se disfruta como un espectacular deporte alternativo que esconde tras de sí, una hermosa historia. Historia que, personalmente, he tenido la suerte de descubrir a través de las personas que han querido compartir conmigo ese conocimiento.

 

 

 

Un fantástico deporte que practican tanto hombres como mujeres, a diferencia del pastoreo, profesión que siempre fue más arraigada entre los hombres.

Una mágica afición que se convierte en un singular canal de conexión con la naturaleza y la Madre Tierra.

Los saltadores se reúnen en colectivos llamados jurrias.

 

En mi caso, soy miembro de la Jurria Guanil. Guanil es el nombre que se le da a la cabra que nace y vive libre en el monte, sin marcas que la vinculen con un dueño. Me gustó el nombre, me hizo sentirme identificado.

En la Jurria, conocí a Ramón, mi primera persona de contacto. Da clases de silbo gomero y es uno de los últimos maestros que todavía fabrican cuchillos canarios. Maestros que, en la isla de Gran Canaria, se cuentan con una mano.

También conocí a Miguel, que fabrica bolsos artesanales con las pieles de las cabras. Cuando me quise dar cuenta, estaba rodeado de artesanos que son herederos directos de la cultura aborigen guanche. 

 

Apenas pude en el pasado, ni puedo en el presente, evitar contener mi emoción al escuchar las conversaciones entre los miembros de la jurria mientras recorremos la montaña por rutas que resultarían inconcebibles a pie sin un garrote y que gozan de unas vistas de una hermosura indescribtible.

Cada vez que salgo con ellos, me siento afortunado por formar parte de este colectivo de artesanos y puristas de la cultura canaria y por compartir conmigo un conocimiento que va mucho mas allá de la técnica y la destreza del salto del pastor.

Descubrir senderos inaccesibles por los cuales, hace milenios, pasaron los aborígenes es una sensación difícil de relatar.


Ya llevábamos unas cuantas salidas juntos, cuando Ramón me confesó que en la jurria me habían bautizado como Chentejuí, en homenaje al nombre aborígen Bentejuí, pero con un toque asiático. Que te pongan un nombrete, para bien o para mal, quiere decir que ya formas parte de una comunidad. Una comunidad de puristas de la cultura canaria de la que, poco a poco, me estaban haciendo sentirme miembro.

Espero poder compartir, a mi vez, en un futuro, todo lo que vaya aprendiendo de este maravilloso legado que me cuesta llamar deporte. Deporte que, aún lejos de convertirse en oficial, me ha conquistado totalmente. Tanto por su belleza y su historia como por cada unos de las interesantes personas que he ido conociendo a medida que he ido saliendo con ellos a los riscos de Gran Canaria.

Hasta entonces, nos vemos en la montaña. 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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