¿Qué es un emprendedor? Ese término de moda que todo el mundo tiene en boca y que se suelta con tanta facilidad.

El verbo emprender, según la Real Academia Española, es «acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro«.

El Emprendedor, como sustantivo, ese perfil de persona que por lo que actualmente se entiende, es una especie de empresario cool o aspirante a empresario con un proyecto innovador en un mercado feroz y competitivo.

El Emprendedor, como adjetivo, suena como un cumplido, que se equipara algo así como «que arriesga», algo así como «valiente».

La palabra emprendedor surge durante la revolución industrial en la Francia del siglo XIX. El término entrepreneur define a una persona que crea empresas de dudosa rentabilidad y asumiendo cierto riesgo financiero. Es decir, si sale mal, pierdes tiempo y dinero.

Pero si sale bien, sale bien.

Según San Google, «una persona emprendedora es la que tiene decisión e iniciativa para realizar acciones que son difíciles o que entrañan algún tipo de riesgo». Esta última versión a mí me gusta más. Aunque en todos los casos, la palabra clave es el riesgo.

Para mí, una persona emprendedora es una persona que tiene lo que hay que tener y persigue un sueño hasta hacerlo realidad. Tanto para conseguir un éxito empresarial como para alcanzar un empeño personal, ya sea ser el mejor o el primero en algo o mostrar al mundo una visión diferente. Da igual si lo logras o no, la cuestión es insistir hasta lograrlo.

Por eso no sólo Henry Ford o Steve Jobs sino también Tesla, Cristiano Ronaldo (si, Ronaldo) o Colón son para mí ejemplos de grandes emprendedores. Porque cuando los demás les dieron por locos, ellos persiguieron sus sueños llegando incluso a alcanzarlos, por reconocimiento público, por tozudez e incluso por error. Por eso forman parte de la historia como los creadores, los mejores o los descubridores. Y no por talento, que también es necesario, sino más bien por perseverancia y valentía.

A los grandes emprendedores no se les recuerda por su fortuna, sino por lo que lograron.

Ser emprendedor no es un adjetivo o un sustantivo. Ser emprendedor es una actitud. La fama o la pasta vienen después. A veces ni eso, tan solo la satisfacción personal de lograr lo que uno se propone, por humilde que sea, es lo que cuenta.

Por eso, emprendedor es también ese chico normal del montón que le conquista a la chica más guapa de la escuela, las más deseada entre todos los alfa, y lo logra porque lo hace bien y con pericia, optimizando sus escasos recursos, aprovechando que solo tiene una bala, un disparo, una sola oportunidad para lograr su objetivo. Y si falla, vuelve a intentarlo.

Emprendedor es Sancho, el coreano loco, que quiere ser el referente en Corea del Reggaetón, o el referente coreano de reggaetón en Latinoamérica (o yo qué sé qué coño es lo que quiere). Hay que estar como una cabra, pero lo está logrando y seguro que lo consigue, porque lo tiene muy claro y no hay quien lo pare. Soy testigo y doy fe, que le vi empezar desde abajo y ahora se codea con los duros del género paseando en Lamborghinis y asistiendo a fiestas con actrices y modelos.

Emprendedor fue mi padre, que tuvo lo que hay que tener para dejar atrás su zona de confort, su tierra y su familia para perseguir sus sueños, llevando -literalmente- el timón de su vida y el del barco que le llevó a las Islas Canarias, la tierra que me vio crecer. Ese sí que fue un nómada emprendedor y no los de ahora, que gracias a internet lo tienen todo hecho. Mi padre.

Pero la gran diferencia del antes y del ahora es que ya no hay Isabeles y Fernandos que apoyen a un Colón.

Solo hay planes de viabilidad de negocio. Ahora solo apuestan por ti cuando unos expertos dicen que eres un caballo ganador, y entonces aparece un angel. Ahora tienes que ir a ferias a exhibirte, hacer una presentación super cool y pasar la ronda de inversores. Y al final es todo para comprarte la idea o invertir en ella antes de que te hagas demasiado grande como para ser imparable.

No soy un emprendedor de esos de portada de revistas. Pero puedo decir que un poquito sí que sé del tema.

Por otra parte, también he trabajado en el Parque Tecnológico de Gran Canaria y tenido la oportunidad de estar en contacto directo con el ecosistema emprendedor de la isla, conocer de cerca los diferentes proyectos participantes de los programas de aceleración de empresas, formar parte del Servicio de Apoyo al Emprendedor y ser el responsable de unas instalaciones superchulas para emprendedores, entre ellas, el Coworking B, por el cual he visto pasar a muchos talentos y sobre todo, a gente fantástica con la que he vivido momentos inolvidables.

Ayudar a gente que empezó sola, como yo. Ayudar para que los sueños de otros se hagan realidad, porque yo, en cierto modo ya alcancé el mío, un sueño humilde pero bonito, que espero que vaya a más. Ahora lo único que quiero es dibujar sonidos y si mi espalda me lo permite, volver a surfear.

«… Pero eso es otra historia» (Conan el Bárbaro).

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