«La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga».

A veces me da por terminar con un refrán o una frase célebre, pero parece que esta vez ha sido al revés. O no.

Aunque suena a rollo budista, la frase es de Mark Twain. No pude evitar quedarme un rato pensando cuando leí la frase del amigo Marcos y traté de pensar en su significado.

No soy un gran filósofo. Tampoco soy una persona más culta que la media.

Interpreto que lo que dice Marquitos es lo siguiente. Basémonos en el hecho de que la esencia de la comunicación es transmitir un mensaje, de un emisor a un receptor. El hecho es que hay que tener en cuenta que casi tan importante es la forma de emitirlo como el contenido del mensaje en sí. El tono utilizado, las palabras que uses, el orden o la forma de exponer la información. Todo cuenta.

Tanto el rayo como la luciérnaga emiten luz.

Luz. Iluminación. Revelación. Verdad.

Ambos emiten luz. Lo que pasa y los diferencia es lo siguiente. El rayo lo hace de una forma fulminante y a veces, dañina o con matices negativos, mientras que las luciérnagas transmiten paz y armonía. Por ello, se podría decir que la palabra casi correcta es el rayo y la palabra adecuada es la luciérnaga. O al revés, dependiendo del contexto.

Por otra parte, no se puede negar que en ambos casos existe belleza, aunque en uno más que en el otro ya que lógicamente no te parecería bello que te cayera un rayo encima.

De nuevo, no se trata de decir una verdad, sino de cómo lo haces. Siento si alguna vez hice daño al decir algo con franqueza, pero a veces, amig@s mí@s, hay que ser fulminante. Sin sutilezas. Sin mermelada.

 

Pero todo depende del contexto en el que hables o te comuniques.

No es lo mismo escribir una novela, que escribir un blog personal que un post en redes sociales. No es lo mismo escribir para uno mismo o su entorno personal que para vender un producto. 

La verdad es que escribir para vender, cosa que he hecho unas cuantas veces, no es lo mismo que escribir por placer. Pero, en mi caso, he querido aprender lo necesario para poder amoldarme a las necesidades que me puedan ir surgiendo en la vida. Redes sociales, páginas webs, posts por encargo para grandes y pequeñas empresas, todo ha supuesto un reto para mí que no he dudado en afrontar. 

Pero qué gustazo es poder escribir sin tener que preocuparte del qué dirán, de las keywords o del SEO de las narices. Qué guay es poder hacer lo que te gusta sin tener la necesidad de vender o de obtener resultados.

Mi primer libro sobre mi viaje de 21.000km en coche eléctrico desde Canarias hasta Corea ha sido una experiencia brutal. Todavía no lo he publicado y ya voy por el segundo, este último sobre mi nueva pasión, el salto del pastor.

Espero que te gusten, si es que alguna vez los llego a sacar a la luz de las luciérnagas (o tal vez del rayo).

 

 

 

«Sin mermelada» (Busan Moon)

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