“La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga”.

A veces me da por terminar con un refrán o una frase célebre, pero parece que esta vez ha sido al revés. O no.

Aunque suena a rollo budista, la frase es de Mark Twain. No pude evitar quedarme un rato pensando cuando leí la frase del amigo Marcos y traté de pensar en su significado.

No soy un gran filósofo. Tampoco soy una persona más culta que la media.

Interpreto que lo que dice Marquitos es que basándonos en el hecho de que la esencia de la comunicación es transmitir un mensaje, de un emisor a un receptor, hay que tener en cuenta que casi tan importante es la forma de hacerlo como el contenido del mensaje en sí.

Tanto el rayo como la luciérnaga emiten luz. Luz. Iluminación. Revelación. Verdad.

Lo que pasa es que el rayo lo hace de una forma fulminante y a veces, dañina o con matices negativos, mientras que la luciérnaga transmite cierta paz y armonía. Por ello, se podría decir que la palabra casi correcta es el rayo y la palabra adecuada es la luciérnaga.

Por otra parte, no se puede negar que en ambos casos existe belleza, aunque en uno más que en el otro ya que lógicamente no te parecería bello que te cayera un rayo encima.

De nuevo, no se trata de decir una verdad, sino de cómo lo haces.

Siento si alguna vez hice daño al decir algo con franqueza, pero a veces, amig@s mí@s, hay que ser fulminante. Sin sutilezas. Paz.

Sin mermelada” (Busan Moon)

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