Recuerdo que hace cerca de dos años publiqué un artículo sobre la pifia de los teléfonos incendiarios Galaxy Note 7. Un mal trago para Samsung, que junto con el escándalo de corrupción política que encarceló al heredero del imperio coreano, vio cómo la imagen y la reputación corporativa de la empresa se venía abajo a un ritmo preocupante mientras que Apple triunfaba con el Iphone 6 y reafirmaba su éxito con el 7.

Recuerdo también que hice una comparativa entre la rivalidad entre Samsung y Apple con la existente entre Cristiano Ronaldo y Messi. Los mejores del mundo pero con estilos diferentes: uno tiene la magia divina y el otro trabaja más que nadie para ser el mejor.

Hoy leí un artículo de la revista Forbes en la que se comentaba el espectacular ascenso de Samsung en el ranking mundial de reputación empresarial que, desde aquel entonces, ascendía nada menos que 44 puestos hasta quedarse en el 26, mientras que su competidor Apple sufría una caída vertiginosa de 38 puestos, hasta el 58, por no mencionar las polémicas en las que se ha visto envuelta la marca americana.

Parece que los pupilos de Steve Jobs se durmieron en los laureles.

Y todo esto se debe a un increíble lavado de cara y una estrategia de responsabilidad social corporativa en la cual destaco la campaña del «Do what you can’t» (Qué me gusta un reto y que me digan que no lo voy a lograr). Aunque todo pintaba muy mal, supieron coger las riendas y manejar la situación.

No me cabe nada más que decir que le doy mi más sincera enhorabuena a Samsung.

No queriendo lanzar con estas palabras ningún tipo de ataque a la marca de la manzana, voy a recordar lo que dije en su día: que usaba (y sigo usando) Iphone, pero he de admitir que cada vez más a menudo tengo la sensación de que mengua mi fidelidad hacia Apple, de que dan por hecho que estaré con ellos para siempre.

No olviden que soy coreano.

«La cabra siempre tira pal monte»

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