La ambición es parte de la naturaleza del ser humano. Es una de esas cosas que nos diferencian de los animales. El hecho de querer ser algo más, de querer alcanzar una meta. Ese sentimiento que nos empuja a utilizar nuestra audacia para llegar más lejos en la vida.

Está bien. Es necesario tener afán de autosuperación. Hay que avanzar. Hay que emprender. No somos plantas para quedarnos quietos paraos ni somos animales para conformarnos con comer, follar y dormir.

Pero precisamente la ambición es también la causa de algunos de los mayores males del mundo. El motivo de guerras, corrupción y muchos otros actos que también nos diferencian de los animales.

Empecé queriendo escribir acerca del reciente caso de la destitución de la Presidenta del Gobierno Coreano. De lo rápido que se llevó el proceso judicial, pero sobre todo, de la enérgica forma con la que salió el pueblo a la calle a protestar. Seguramente hubo influencia de la oposición para meter presión y animar a la gente a manifestarse, pero no puedo decir otra cosa que chapó.

 

 

Eficiencia. Efectividad. Justicia. Pero sobre todo, alabo el concepto real de la soberanía de la nación y el hecho de que la voz del pueblo se hace oir de verdad y sobre todo, se escucha.

Bien hecho. No hay mucho más que hablar. Punto pelota.

Pero ahora lo que me ocurre y no puedo evitar es eso que suele pasar cuando ves algo bien hecho y digno de admirar y a continuación miras lo que está pasando en tu casa. Lo que está pasando en España. Porque, aunque estoy orgulloso de ser Made in Korea y me siento canario y a mucha honra, no dejo de ser español.

No voy a hacer un histórico de los casos de corrupción de España. Creo que no es necesario hacer comentarios, pero permítanme que me pare a hablar del más reciente, el caso Noos.

Vergonzoso y a la vez ridículo ya que no se trata solamente de la sospecha de que la realeza también robe. No se trata de la humillación al ver cómo se desvanece ante los ojos del pueblo español y del mundo entero, lo poco que queda de la credibilidad en la corona, ya bastante mermada de atrás. Se trata también de lo absurdo de meterse en líos como este cuando tienes la vida resuelta.

Ya podría haber sido un escándalo de cuernos o de borracheras sucias con drogas y putas, pero no. Había que ir más allá.

Pero tal vez, de nuevo, no se trata de conformarse con comer, follar y dormir. Asistir a eventos, viajar por el mundo y vivir la vida loca a costa de los españoles no era suficiente. Tal vez el día a día era ya de por sí aburrido al tenerlo todo hecho viviendo bajo la sombra de la corona. Tal vez era más emocionante cuando siendo un don nadie, no habías ganado nada más en la vida que un par de partidos de balonmano y estabas de camino a alguna final. Tal vez colarte bajo las faldas de la realeza no bastó. Tal vez da más morbo jugar a engañar al sistema y robar cuando en realidad no te hace falta.

¿De eso se trata, no? De ambición. De riesgo.

¿Pero qué riesgo, qué mérito tiene jugar a cosas serias si cuando pierdes y te pillan, todo se resuelve mirando al suelo y respondiendo “No lo sé” o “no lo recuerdo“?. Solo faltó decir “Lo siento, no volverá a suceder”.

Empecé queriendo escribir acerca del caso de corrupción en Corea y al final terminé hablando de España. El mundo tiene problemas mucho más serios -que no digo que este no lo sea- como para centrar las energías en este patético capítulo (más) de la historia de España.

Lo que quería decir es que cuando se descubrió el asunto del escándalo de la ya ex-presidenta de Corea del Sur, el pueblo entero salió a las calles a protestar y la destituyeron con la misma. En Francia se lió parda con las revueltas por la reforma laboral. Por no hablar de lo que vi en Grecia o lo sucedido en varios países durante la Primavera Árabe. ¿Hablamos de la Revolución Francesa?.

No trato de promover la violencia ya que no es la violencia sino alzar la voz y reclamar justicia lo que da resultados. Solo quería aplaudir lo que ha logrado el pueblo coreano saliendo a la calle a manifestarse sin violencia y haciendo presión social hasta lograr resultados. Los españoles no tenemos sangre. Pero, eso sí, podemos estar horas hablando de la remontada del Barça o arrancarle el brazo a La Cibeles cuando gana el Madrid.

Al contrario que los coreanos, los españoles seremos referentes en el fútbol, pero damos pena en lo realmente importante, que es el bienestar del pueblo.

No obstante, recuerden que Corea ya eliminó en su día a España de un mundial…

Está claro que somos ganado. Somos animales. Somos unos pringaos. Digo somos porque yo también lo soy. No voy a ser mejor por escribir estas líneas. Y la vida sigue. Va a comenzar mi programa favorito de la tele, seguimos hablando otro día.

Viva España.

 

“El pueblo es aquella parte del Estado que no sabe lo que quiere“. (Georg Willhelm Friedrich Hegel)

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